
El olor a lluvia es una de esas cosas que uno ama pero no sabe a ciencia cierta porque.
Hay muchas cosas que me gustan así nada más, sin razón.
Desde niño, la lluvia, en especial cuando es una tupida tormenta, han significado algo mágico para mí.
De hecho recuerdo que la madriza más espectacular que tengo en la memoria, me la dio mi querida madre por andarme mojando en la lluvia.
Cosas de la infancia.
Una de las primeras veces que salí con una chica, comenzó a llover, justo afuera del Palacio de Bellas Artes. La gente comenzó a correr, huyendo despavoridos de la lluvia.
-Yo no corrí.
-Ella tampoco.
Seguimos caminando dando vueltas a la Alameda Central, paseamos por el Centro histórico mojándonos, ensuciándonos, pero finalmente disfrutando de la lluvia.
-Hoy ya no hago esas cosas.
-Ella tampoco.
Ahora me he vuelto de esos simples mortales que corre a esconderse de la lluvia.
De esos que anhelan el olor a lluvia y el caer de las gotas sobre la piel.
Ahora solo escribo sobre la lluvia.
e.
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